“Recuerdo cuando vivía solo en un pequeño apartamento, con una computadora y un sueño más grande que mis miedos.
No sabía casi nada… pero tenía algo que hoy valoro más que nunca: las ganas de aprender.
Pasaba días completos, y sobre todo noches enteras, estudiando, probando, equivocándome y volviendo a intentar.
No tenía conocimiento, no tenía experiencia… pero tenía fe.
Me estaba preparando, sin darme cuenta, para algo grande: el lanzamiento de Mochileando Fortuna.
Había momentos en los que sentía ese cosquilleo en el estómago… esa mezcla de nervios, emoción y esperanza.
Sabía que estaba construyendo algo, aunque todavía nadie lo viera.
Y poco a poco, las cosas empezaron a cambiar.
No solo nació el proyecto… también comenzaron a llegar clientes, oportunidades y nuevas responsabilidades.
Pero hoy, domingo de ramos me llego un recuerdo de esos días.
Días de silencio, de esfuerzo, de aprendizaje… días donde Dios estaba trabajando en mí, incluso cuando yo no entendía el proceso.
Hoy le doy toda la gloria y honra al Espíritu Santo de Dios, al Rey de reyes y Señor de señores… porque me ha permitido seguir de pie, seguir aprendiendo y seguir avanzando.
Y si algo quiero decirte a vos que estás leyendo esto es:
No subestimés tus inicios.
No despreciés esos días donde parece que no está pasando nada.
Porque ahí… justamente ahí… es donde Dios está formando tu camino.”**

